Sin la Mujer no hay Revolución

Opinión: 08/03/2016

Sin la Mujer no hay Revolución

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Las ilusiones y los sueños ya no se encargaron de pintar esta última década para colgarla en la galería de las buenas intenciones, como ocurrió con las anteriores, profusamente ornamentadas de colores, poesía y declaraciones por la mujer: ahora le tocó el turno a los hechos.

Y no es que la poesía sea algo etéreo para el placer de los unicornios y el estudio minucioso de los cadejos, ni la pintura un arte para los expertos en galaxias incómodas. Sin embargo, mientras no rime con el cambio y dibuje otra realidad como en Nicaragua, sobrarán musas y modelos, pero no autoras. Y creadoras son las que batallan contra los malos versos y la caricatura de vida que les ha tocado padecer en este mundo.

Ser protagonistas del nuevo poema de su libertad es la expresión femenina del 15 de Septiembre; hasta esa dimensión llega la evolución de un sistema que estaba hecho para reflejar los privilegios del macho y, únicamente, los deberes de la hembra.

La mujer tiene también su historia, pero la mejor es la contada desde su autoría. Se puede bien decir que se ha hecho más en estos Nuevos Tiempos, que lo que apenas se logró desde 1838, cuando Nicaragua se declaró “Estado libre”.

La mujer votó por primera vez en Nicaragua el 3 de febrero de 1957, pero ni se notó. Es, ciertamente, hasta el retorno del Frente Sandinista al gobierno que se experimenta un verdadero salto histórico: la presencia de la mujer en el poder, ya no como parte del decorado, sino por su espíritu amplio y solidario.

De todos los gobiernos que han sido, ninguno luce un expediente limpio de la dirección hegemónica masculina, incluso el periodo 1979-1990. Pese a algunas damas en ministerios y responsabilidades intermedias –ninguna en la toda poderosa Dirección Nacional del FSLN– los resultados, al final de esa década, hablan más que cualquier defensa o diatriba. Y esto al margen de lo que significó la injustificable guerra de agresión patrocinada por Ronald Reagan.

Quiero decir que un hogar, un proyecto, una empresa, una Revolución, un país, sin la lucidez de la mujer, es una apuesta al fracaso. Una nómina de hombres, por preparados que sean, no garantiza una victoria eficiente, esa que no se queda en el ruido, el aplauso y las euforias del momento.

Es evidente que el planteamiento 50-50 en Nicaragua no es una forzada fórmula ni un acto de caridad. Es el corolario de una larga lucha, quizás de la más dramática en la Historia de los vivientes, en la que no hay aliados ni naciones apoyando lo que en la faz varonil de la Tierra ni siquiera respira: el derecho de la mujer.

Homéricas

La extenuante batalla por ser visible es homérica, máxime en nuestra América, donde nunca fueron parte de las “causas populares”. Porque más allá de la procreación y la cocina, pasando por ser considerada un objeto sexual, ni los Estados ni los líderes hallaban dónde poner a la mujer. Es que en el patriarcado no hay espacios. Por eso es que la mujer debe ganarse su lugar en este siglo.

La reivindicación de género en Nicaragua pasó de las minúsculas, de los innumerables simposios realizados sobre el tema desde hace muchos calendarios, a la hora de las mayúsculas, cuando no solo se ven las “casitas al pueblo”, sino que viven en ellas.

Pero no toda “feminista” que invoque los derechos de la mujer puede considerarse su fiel defensora. Tampoco debe engañarse a la sociedad cuando se asumen vetustas posiciones machistas para enfrentarlas al hombre. Esos enfoques excluyentes, financiados por organismos inconformes con nuestra cultura judeocristiana, no parecieran provenir de mujeres gozosas de contribuir, con su par, en la construcción de una mejor sociedad.

Gracias a Dios, en la gobernanza nicaragüense, el concepto de la mujer no se pierde en el laberinto que representa el otrora papel tradicional del Estado y ciertos grupos que embanderan de “reivindicaciones femeninas” sus propias agendas, porque transformó uno y no se contaminó masivamente del otro.

La gran trascendencia es que ellas se irradian en la nación, lo que es difícil de entender para las gurús que tratan de reducirlas a una secta feminista de corta visión provinciana.

Más que foros y discursos en temas de género, quedan las nuevas realidades. La Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, ofreció estos datos 2015-2016:

“Tenemos más del 50% de Mujeres en el Gabinete; 42% en el Parlamento; mucho más del 50% en los Gobiernos Municipales; 40% Magistradas; 59% de Jueces Mujeres Distritales en la Corte Suprema de Justicia. Y luego tenemos también, la participación en los Movimientos Sociales, Sindicales, Laborales, de las Mujeres como Dirigentes en los Consejos de Dirección; y también a nivel de Secretarías Generales como Secretarias Generales Adjuntas”.

Frutos

El rol de Rosario con Daniel, y el de tantas mujeres, en la actualización del Frente Sandinista ante los grandes desafíos como la inclusión decidida del inteligente ser y los innovadores rumbos desde, por y para el pueblo, dejaron en el pasado paradigmas que han causado enormes daños a la Izquierda latinoamericana.

El sandinismo pasó en los últimos años de ser una hermética organización de militantes históricos a convertirse en una vigorosa realidad política, en tanto la sociedad ahora ve en el FSLN y su liderazgo, comandante Daniel Ortega y Rosario Murillo, un partido en su madurez, responsable, es decir, cristiano; un Frente que no va a sacrificar al país, su economía y el derecho al progreso de cada quien, por enyugarse a ideas desfasadas.

Sí falta mucho, pero los datos dan fe del desarrollo de la paz con la mujer en puestos relevantes: atraer inversiones y generar empleos.

Ahora mismo esa participación creativa de la mujer, en conjunto con el hombre, resolvió dilemas derivados de prejuicios ideológicos que no permiten crecer a una nación: potenciar las alianzas con los sectores empresariales, productivos y sindicales; los programas sociales y hasta la iniciativa de incorporación al Acuerdo de Asociación Transpacífica.

Ignorar la brisa del Bono Productivo Alimentario y el protagonismo de la mujer, es pura politiquería, cuando en el campo germina el siglo XXI: le devolvió la palabra a la María Rural, terminando con su sometimiento secular y estrenando el derecho de vivir, cuando ayer nomás tan solo tenía permiso de existir…