La “encuesta” de activistas políticos y el acto criminal

Opinión: 11/03/2016

La “encuesta” de activistas políticos y el acto criminal

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Es inconsistente la inculpación a veces abierta y otras, solapada, en contra de las autoridades nicaragüenses, tras el repudiable ataque sufrido por dos activistas políticos a manos de criminales en un barrio de Managua.

Las víctimas, Carlos Bonilla y su esposa Gabriela García, han puesto en manos de la Policía, el caso perpetrado a finales de febrero pasado. Desde entonces, algunos acuden a las acusaciones infundadas para poder sacarle ventaja a una desgracia que pertenece a las bajas tasas de criminalidad en Nicaragua.

Se informó que los activistas iban a dirigirse a la sede del Consejo Supremo Electoral a entregar lo que ellos consideran una encuesta y en la que supuestamente, desde su diminuta parcela correligionaria, “el pueblo” se ha expresado.

En contexto, hay prestigiosas firmas consultoras y de investigación, externas y nacionales, con personal debidamente entrenado y fogueado para hacer minuciosos estudios –al margen de las incontrolables pasiones partidarias– sobre lo que piensa la ciudadanía.

En un país donde cada tres meses por lo menos hay mediciones sobre lo que opina la gente en determinados renglones de la vida nacional, con el respaldo debido de varias firmas independientes –la palabrita más abusada en el argot conservador–, ahora vino un brevísimo grupo claramente definido a hacer su propia “encuesta”.

Pretender sustituir, con su inclinada percepción, a los profesionales encargados de examinar lo que realmente dice el pueblo, es una manera de señalarlos como nada creíbles. Lo absurdo es denostar el universo escudriñado y dar lecciones sobre ciencias y técnicas estadísticas.

Sin dudas no es un delito pontificar sobre oficios jamás ejercidos, pero de eso a presentar su tabulación libre de pecado, desde una posición partidarizada, parece más que un tema de este mundo, una de las enseñanzas de la secta del “rapto divino” en Mechapa.

Cuando los activistas comenzaron a informar del asunto, medios conservadores oficiosos les empezaron a dar un inusitado vuelo mediático que ni siquiera mereció una iniciativa mucho más seria y formal. Esos medios se dieron a la tarea de pulverizar las primarias dirigidas por “Hagamos Democracia.

Pese a que el organismo lleva ya algún tiempo de desempeño, la grave “herejía” de sus directivos fue que al tratar de terminar con el “dedazo”, era imposible evitar uno de los principales “daños colaterales”: dejar al descubierto los falsos dioses de la derecha extrema. Eso es imperdonable.

Para sacárselos de encima, la derecha V.I.P. los echó a la hoguera mediática para deslegitimarlos: solo “partidos chiquitos” acudieron a la convocatoria. Claro, “el grande”, el que lo llamó “payasos”, se blindó con un extraño “centralismo democrático”.

La doble moral en esto estriba que los “encuestadores” ni siquiera llegan a “partido chiquito”, pero los medios conservadores ahí no anduvieron con su cinta milimétrica comprobando si eran micro o nano siglas: bastaba que se ajustaran a su línea editorial.

Obviamente, los señores de “Hagamos…” no son tan fáciles de manejar. Por eso saborearon la censura, el menosprecio y hasta invectivas desde su propia acera. En otras palabras, la élite conservadora no permite ninguna Rebelión en la Granja, para que estén claros.

La carreta por delante

La fragilidad de la “encuesta” del grupo es que fotocopiaron las emociones que suscita el CSE a la fracción de Eduardo Montealegre, quien un lustro después no acepta la decisión del soberano.

Luego, el show sin sentido: prejuzgan, fallan y condenan en “nombre del pueblo” (siempre el hambre de gloria está detrás de muchos disparates). Y ya con el “veredicto”, salen con su “encuesta” a preguntar “al pueblo” que si el CSE es esto y lo otro. ¿Quién puede explicarlo?

Desde la óptica de la extrema derecha, tras la parafernalia de la “encuesta”, el tribunal electoral, los magistrados, los demás poderes del Estado, todos “estaban cruzando los dedos” por los “resultados demoledores”. No dormían, pues.

Pero, ¿qué tan “sensible”, “comprometedor” y “top secret” era todo esto del “burumbubúm del “sondeo”? ¿Acaso sus “tabuladores” no se habían encargado de confirmar, con su soledad en Metrocentro, los datos ciertos de CID Gallup, M&R y Borges y Asociados: qué son y cuánto son los que bailan, en el desierto, este son?

Ninguno de los funcionarios y técnicos de las empresas reconocidas internacionalmente –dedicadas desde hace muchísimos calendarios a registrar el sentir de la sociedad– ha dicho que el Gobierno Sandinista les puso trabas a su trabajo.

Ninguno “sugirió” que fueron “vigilados”, se “perdieron” extrañamente las computadoras con los documentos del último escrutinio o les impidieron llegar a determinado lugar, para que medios de derecha se repartieran con la cuchara grande de la especulación, como lo hacen ahora.

En un año de sufragios, cuando el FSLN obtiene el máximo respaldo popular, y sus líderes y gestión de gobierno incluso porcentajes más elevados, al que menos le convendría un suceso reprochable como el mencionado es al sandinismo.

Las malévolas conjeturas de quienes se creen los “depositarios de la verdad” llegan a la paranoia de “percibir” un “mensaje”, “mal presagio para los comicios” y cuánto se les ocurra.

Si quieren darle este barniz político, también es bueno preguntarse: ¿a quién le beneficiaría perpetrar el criminal hecho contra activistas virtualmente desconocidos que tratan de abrirse paso en la oposición?

Si ya hay una campaña difamatoria y sistemática de imputar al FSLN que ejerce una “dictadura”, ¿no sería la hora de “demostrarlo” al “mundo que se ha “olvidado de Nicaragua”?

Cuando nadie le hizo caso a las “noticias” sobre “grupos armados” en los montes del Norte ¿no sería un éxito, en tiempos de elecciones, volver al radar mundial nada menos que convirtiendo un hecho delictivo común en la ciudad, en un “atentado político”?

Los actos delincuenciales no tienen justificación alguna. Tratar de darle otro sesgo es parte de las falacias de algunos que confunden sus obsesiones con la realidad, sus crepúsculos con amaneceres ajenos y la artesanía grotesca de la politiquería con el arte clásico de la política.

La Policía Nacional debe dar con los agresores y ponerlos a la orden de los tribunales, porque su silencio, a estas alturas, ya es parte del ruido político-mediático.

No solo se trata de cuidar la imagen de Nicaragua, sino, principalmente, lo más preciado que es la vida: sean ciudadanos comunes, extranjeros o activistas partidarios.