La espléndida y pacífica Nicaragua afianza aún más su seguridad

Opinión: 15/03/2016

La espléndida y pacífica Nicaragua afianza aún más su seguridad

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

I

Jamás, en la historia de Nicaragua, un tema tan ineludible como los fenómenos telúricos, alcanzó el rango de prioridad de Estado. Ineludible, claro, para quienes estiman la vida de los demás. Por eso, en los viejos tiempos, no se conoció tanto como hoy del suelo donde andamos.

A mayor conocimiento, más responsabilidad. La indolencia, el ni-mío-es-esto, fueron deplorables actitudes que desprotegieron a la población vulnerable. Cuando ocurría la desgracia, se encubría con túnica religiosa: es-la-voluntad-de-Dios. Pero la Biblia refuta semejante injuria: “Dios es un Dios de orden”.

En estos Nuevos Tiempos escuchamos, cada día, a la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, con los informes minuciosos de lo que acontece en nuestra corteza terrestre. ¿Por qué? “Es importante mantener el nivel de vigilancia y monitoreo permanente para tranquilidad de las familias”.

Es un registro en tiempo real que “coincide”, para los profanos, con un incremento de focos sísmicos y la actividad simultánea de varios volcanes. Bien podría ser porque los técnicos y científicos cuentan con un óptimo y ultrasensible instrumental tecnológico que ya no deja nada para el quién-sabe-qué-fue-eso, pues no hay oscilación, por imperceptible que sea, que no se divulgue.

Mantener a la ciudadanía al tanto sobre lo que nos incumbe –se trata de la vida– es meritorio. Tal labor primordial, sistemática y veraz, es ejecutada por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, apoyado por el Sistema Nacional para la Prevención Mitigación y Atención a Desastres.

En los viejos tiempos solo eran tomadas en cuenta cuando ocurría un sismo que se sentía en Managua o por un huracán en el Mar Caribe. Hoy las dos entidades, como se dice popularmente, están sobre la jugada. ¿Por qué no fue así antes? ¿Cuántas muertes nos hubiéramos ahorrado?

II

Obviamente, aunque se disgusten algunos, si no hay un liderazgo preocupado por evitar una desdicha, hasta donde humanamente sea posible, no hay nada qué hacer, aunque esté el personal especializado. No se trata de un discurso, sino de hechos y recursos. Sobre todo.

Esa conciencia de prevención para que un alma no sufra una tragedia, se aprecia en el comandante Daniel Ortega, la escritora Rosario Murillo, y el Vicepresidente, Omar Hallesleven.

Las anteriores administraciones pudieron haberse dejado tocar por el amor al prójimo. Sin corazones dispuestos, las respuestas técnicas son insuficientes.

Comprimir en cifras a las víctimas no es el fin último de un buen gobierno. A nadie le duele un número, de ahí que esos líderes estaban condenados a reciclar el pasado, no a inaugurar una nueva historia: el terremoto de Managua, el Mitch…

¿Por qué ningún Presidente anterior evacuó a las familias que sobrevivían bajo los amenazantes escombros de la capital? Aquellos descartados ahora viven en casas dignas. “Populismo”, gritan los malos espíritus.

III

Pasar de un “silencio sísmico-noticioso” durante los gobiernos que han sido, a contar diariamente con una investigación pormenorizada de todo lo que se mueve en nuestro manto terráqueo, podría preocupar a turistas o inversionistas.

“Ok, puedo andar tranquilo en uno de los países más seguros de América; hay seguridad jurídica, pero ¿un terremoto…?”.

Como no en toda República trasciende a nivel público lo que los profesionales de las Ciencias de la Tierra hacen, quizás pensará que no es buena idea ir de vacaciones a Nicaragua.

Sin embargo, transmitir tales incidencias es parte del desarrollo de la paz integral: es potenciar la seguridad ciudadana en todos los órdenes.

No sucede lo mismo cuando alguien publica su estrecha apreciación en un medio: “Nicaragua es inestable geológicamente”; mete miedo, aunque no sea su propósito.

Debemos comprender que las fallas, aunque suene paradójico, son también corresponsables de la existencia humana. Sin esa dinámica terrestre sería imposible que en el interior de nuestro planeta se abrieran enormes cámaras que luego se convertirán en inmensos depósitos de agua pura. Lo mismo pasa con los edificios volcánicos: son fuentes geotérmicas para generar desde energía limpia hasta curaciones milagrosas en los termales.

En el orden de Dios, todo está hecho para el aprovechamiento de los vivientes, siempre y cuando hagamos un uso racional y no nos opongamos por ignorancia, capricho o codicia, a la organización de lo que otros llaman la “Madre Naturaleza”.

La desorganización –ahí está el Cambio Climático– puede ser fatal. Tal vez lo técnico pueda entenderse así: los trazos de fallas son los rieles donde un día pasará el tren de un terremoto sin frenos. Y lo que esté ahí, encima de los durmientes (sismos), será arrasado.

Como me ilustró el doctor en geología estructural, William Martínez, esa vez hablando de terrenos inconsistentes: “En Casitas (octubre, 1998) estaban dos comunidades que resultaron con más de 3 mil muertos. Se produjo porque estaban en el paso de un deslizamiento. Bastaba una visita de un geólogo para saber que era necesario retirar 50-60 metros cada comunidad, y no se hubieran producido pérdidas humanas”.

Más claro no lo he escuchado como esa mañana del 14 de enero de 2007, cuando el experto radiografiaba la mega falla humana que atravesaba de lado a lado el sistema neoliberal que concluyó, oficialmente, esa semana: “No existen desastres naturales, lo que existe es la mala planificación, el desarrollo mal entendido y, en última instancia, la indolencia e intereses económicos de grupos”.

Si ya se identificó un área perturbada, lo prudente es construir bien y a cierta distancia, nunca sobre los “rieles mortales” de la fractura. Esta, irremediablemente, pasará la factura.

Nicaragua no es un país peligroso. En todo caso, por una u otra causa, cualquier Estado presenta iguales o peores riesgos que el nuestro: ciclones, tsunamis, deslaves, inundaciones... Es el mundo, no el Reino de los Cielos.

Algunos tremendistas, como el señor de la “inestabilidad geológica”, ponen a Nicaragua como si es el único territorio que se encuentra “atrapado” entre las Placas Cocos y Caribe.

La verdad es que todos los países constituyen la parte visible de colosales placas tectónicas. En Definición ABC, encontramos: “Placa Antártica (la más grande de todas y aquella que subyace al sur del planeta), la Placa del Pacífico, la Placa Norteamericana, la Placa Africana, la Placa Australiana, la Placa Sudamericana, la Placa Euroasiática y otras menores que unen a las más grandes entre sí”.

Ninguna nación es una isla sólida e inamovible, suspendida en un punto fijo del Universo, que tampoco es tan Firmamento, porque no es tieso, se expande. Nada está quieto.

Es decir, gracias al Señor, no vivimos sobre un féretro. Es la Tierra viva…