Mayorías que Votarán por el FSLN quieren Observación Electoral

Opinión: 14/04/2016

Mayorías que Votarán por el FSLN quieren Observación Electoral

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Los partidos deshabitados y sus réplicas de infortunio han querido fabricar un drama infinito en cuanto al tema de la Observación Electoral. 
En ese afán, presentado como una bandera exclusiva de siglas solitarias, pasan por alto que la ciudadanía que votó por el FSLN en 2011, y se expresa periódicamente a través de las encuestas, es precisamente la interesada en contar con la presencia de testigos calificados durante la importante manifestación cívica de Nicaragua.

De manera que la derecha minoritaria no solo ha pretendido adueñarse de la victoria sandinista en los pasados comicios, sino que trata de arrebatar un sentimiento propio y muy humano de los triunfadores en buena lid: que el árbitro principal certifique el cuadrangular que deja tendido al equipo contrario es elemental, pero el jonronero vive más su hazaña en la ovación de las tribunas.

Nadie puede inventar multitudes a su favor: estas son cosechas de la buena siembra social y económica. Es el pueblo expresado en votos y encuestas, calles y plazas, testimonio vivo de la libertad.

Sí, la libertad es un bien de la humanidad, no la estrafalaria caricatura que de ella se hacen sus mínimos líderes con pretensiones mesiánicas de ser “redentores” de la democracia.

Tal derecha nunca creyó en un proceso electoral diáfano. La mediocridad de sus “convicciones” sobre algo tan ajeno como les resulta la Democracia, llevó a sus operadores a partir de 1989-1990, recurrir a campañas intimidatorias, guerra sucia, engaños, agitación de miedos, propagación de rumores y otras deleznables artimañas. Así se procuraban electores, pero nunca se preocuparon en forjar valores cívicos, por la sencilla lógica cristiana: el árbol malo nunca producirá frutos buenos.

Su centro de gravedad no es el espíritu supremo de los hombres y mujeres libres en un mundo interdependiente, sino la falacia y el orgullo solapado de ser los últimos idólatras de la doctrina del Destino Manifiesto. Algunos en Washington, con su vocación imperial intacta, aun estimulan esas oficiosas sumisiones de quienes confunden la Democracia y el Estado de Derecho con su lastimoso comportamiento de subalternos.

En vez de apuntalar la cultura cívica, promover las virtudes ciudadanas, darle un vuelo intelectual al arte de hacer política y ser sinceros devotos de la Democracia, la derecha rupestre estaba atenta, sin pudor alguno, a las señales de la Embajada de los Estados Unidos. 
El servilismo demostrado ante los embajadores Oliver Garza y Paul Trivelli, durante la administración W.Bush, son páginas abominables del Museo de las Vilezas.

Estos mismos atrasados de la Historia, ahora repartidos en “movimientos de unidad”, de “coaliciones” y sus resonancias “civiles”, se presentan como inmaculados políticos que quieren un mejor país para “recuperar la democracia”. Hoy, solo la melancolía del “dedazo” de Washington los une.

Sin un pasado espléndido, a menos que consideren haber logrado el estado de gracia con su despreciable entreguismo a Garza y Trivelli, ahora se proclaman profetas de la “gobernabilidad democrática”.

En su sed de poder, medievales hasta donde les da su hereditaria dotación de oscurantismo, se sienten la primera banca del Vaticano en Nicaragua, pero haciendo totalmente lo contrario al catecismo de la Iglesia Católica: se dan el lujo de ensalzar o condenar a la hoguera mediática a cardenales, obispos y sacerdotes, dependiendo si les son útiles o no.

¡Ay de aquellos que no asuman en primera persona sus odios y rencores, publicados como “problemas nacionales”!: deben subordinar sus sermones, cartas y declaraciones a los criterios de la élite conservadora que se considera “la nación agobiada” y glorificar sus filias y fobias como iluminadas “homilías”, si acaso quieren gozar en vida canonizaciones de papel periódico.

Extremistas, no cuidan siquiera las formas. Desechan las encuestas, las satanizan, las injurian, pero rápidamente olvidan su áspera reacción para conceder credibilidad únicamente a la porción que les conviene a su autoritario punto de vista, y manipularlo: la Observación Electoral.

“Sabemos que hay una ciudadanía comprometida con exigir condiciones de elecciones libres y transparentes, que tal vez no toda está en las calles, pero que se reflejan en las encuestas donde casi el 90 por ciento pide observación…”, especula una señora.

Sin embargo, esas medias verdades refritas con los tocinos de las mentiras y los infaltables “tal vez”, no ponen en el plato la realidad completa: sí, esa ciudadanía que quiere la Observación –83% – es la que haría ganar al Frente Sandinista con el 65.4 % de los votos si los sufragios fueran ahora, según la encuesta de M&R.

No es, pues, que “apareció” otra mayoría a plantear algo “nuevo”, pues ninguna piedra filosofal podría convertir la soledad de la oposición conservadora –sin propuestas, fragmentada y extraviada en su laberinto– en vastedad de pueblo, aunque Harry Potter dirija su periódico.

La señora con su organización y partidos afines registran una debacle de tal magnitud que prefieren entonar la cantinela del fraude para no ver, no oír, ni hablar de los hechos: el 5.4 % votaría por el Partido Liberal Independiente; el 5.3 % por el Liberal Constitucionalista; el 1.5 % por el MRS y 1.8 % por el Partido Conservador.

Y porque el sandinismo liderado por el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo alcanza esa sideral distancia electoral, el partido impreso, fiel a su ideología antidemocrática, no admitirá la resuelta voluntad del soberano en noviembre: “En Nicaragua el régimen ha cerrado la posibilidad de cambiar el gobierno mediante el voto” (¿?).

Al atropellar la verdad, la avasallante y absolutista mentalidad autocrática conservadora, solo exaltará todo lo que se sujete a sus intereses, desde políticos mundanos a dignidades eclesiásticas. De ahí que jamás reconocerá este inconveniente dato de la sociedad actual, el universo de las encuestas censuradas: que la intención de voto del FSLN, 65.4%, supera su amplia simpatía partidaria, 54.4%.

Es que la Democracia no está en su ADN. No es su historia. Apenas son parte de las anécdotas que Trivelli y Galarza podrían contar de aquellos sus tiempones en el trópico…