Gorilas sin charreteras ni tanques

Opinión: 18/05/2016

Gorilas sin charreteras ni tanques

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Un gran investigador del general Augusto C. Sandino, además de rescatarlo en la historia para liberar a Nicaragua de sus viejos tiempos, Carlos Fonseca, escribió sobre la enorme importancia de acudir a los textos revolucionarios propios. Claro, sin que eso signifique descarrilarse en ultranacionalismos que no permitan estudiar las floridas estaciones de otras naciones rumbo a su destino.

En estos días, cuando se provoca una contracorriente que favorece la conservación de épocas fallidas en algunos países de Latinoamérica, también se debe estudiar el pasado –Carlos enfatizaba en escudriñarlo–, sobre todo aquel que tarda en irse. 
Sería, pues, de justicia liberar el nuevo día antes que acabar haciendo del siglo XXI un lamentable pastiche del XX. Las historietas se repiten; la Historia no. Crear no es reproducir.

En los años de la Guerra Fría, el lugar común era la “lucha contra el comunismo internacional” para frenar la “embestida de ideas exóticas ajenas a nuestra cultura occidental y cristiana”. Todo se le atribuía la Unión Soviética.

Ahora, no hay URSS ni “comunismo internacional”. Lo que ha surgido, y no precisamente por el respaldo de “agentes del Kremlin”, es más terrible que el presunto “peligro” que representaba “caer bajo la órbita” del Sóviet Supremo: el Estado Islámico.

Lejos de existir una potencia “comunista temible”, lo que tiene en jaque a Europa y otros países es el terrorismo internacional del EI.

Ninguno de los estados latinoamericanos con gobiernos de izquierda avalan o fomentan ese fundamentalismo sangriento; al contrario, sus planteamientos son de vida: hacer del mundo un mejor lugar para vivir…todos. Y ese es el problema para los conservadores: la inclusión social.

Washington debe ver que además del sanguinario enemigo, hay otro solapado: los que se presentan como “demócratas”, pero que son incapaces de procurar, establecer y desarrollar la Democracia.

La derecha conservadora elogia esa forma de gobierno mientras no se salga de sus hermosos enunciados y la consabida retórica. Empero, cuando un partido asume el contenido, no la forma; se horizontaliza la patria que ya no es solo para los V.I.P. y se baja del altar al capitalismo brutal –bajarlo no es desaparecerlo, es humanizarlo–, entonces la Democracia de verdad estorba junto a sus protagonistas.

La derecha vive de la falsedad y se siente bien con una “democracia” que no “apeste a pueblo” y con naciones que no pasen de ser meras nociones.

Carlos Fonseca, en sus estudios de un revolucionario liberal, halló el nombre que retrata fielmente las intenciones de esta derecha acuartelada en su “democracia” con código de barras: reinstalar la “falsa república”. Así calificaba el general José Santos Zelaya la república dominada por la “oligarquía”

Como bien lo expuso el comandante Daniel Ortega, Secretario General del FSLN, ante el Consejo Sandinista Nacional, el mismo presidente Barack Obama y el Partido Demócrata han tenido que gobernar con la mayoría de congresistas y senadores en su contra, pero “eso no da pie para que ese congreso, ese parlamento vaya a destituir al presidente Obama”.

Al mandatario de Estados Unidos le han impedido la aprobación de importantes leyes de carácter social, de salud y migratorias, para el pueblo norte y latino americano, no obstante, al Capitolio no se le ocurre tumbar al gobierno electo. Y es lo que retrógrados locales tratan de hacer en Venezuela y ejecutaron en Brasil.

Mucho ha sufrido el subcontinente con los cruentos golpes de Estado como los perpetrados contra Jacobo Arbenz, en Guatemala, 1954, o Salvador Allende, 1973.

Washington debe romper con su pasado antidemocrático, de cuando miraba hacia el Sur con los ojos de la CIA y sus generales golpistas. Seguir viendo a América a través de los tumbadores de gobiernos constitucionales no es apoyar en modo alguno a la Democracia.

Ahora, con el mismo respaldo cinco estrellas a genocidas como Somoza, Trujillo, Duvalier, Stroessner…, la Unión Americana debe dar pasos en la dirección correcta, sin alentar a demócratas postizos, aunque algunos veneren a Teodoro Roosevelt, Richard Nixon, Ronald Reagan y Bush Jr. Avanzar, no retroceder. Y Brasil es un triste retroceso.

Hoy ya no fue el asalto al Palacio del Planalto con bombardeos aéreos y terrestres como sucedió con el Palacio de la Moneda en Chile, pero la historieta de los traidores se repite para desgraciar la Historia: Salvador Allende ascendió al general Augusto Pinochet a Comandante en Jefe del Ejército y Dilma Rousseff a Michel Temer como su Vicepresidente. Eso prueba una vez más que la Izquierda tiene corazón; la derecha solo hígado e intereses.

Los golpes de Estado de alta o baja intensidad son una agresión a la Democracia. La esencia de este sistema es el pueblo: el que decide en las urnas, el que escoge a sus legítimos representantes. Para eso son las elecciones.

Dilma llegó al poder por voluntad del pueblo. 54 millones de votos constituyen un mandato. El golpista Temer, reportan las encuestas, apenas cuenta con el 2% de aprobación. ¡Vaya democracia!

En este escenario, que una patética minoría corrupta secuestre la voluntad ciudadana, no solo daña el periodo presidencial de la primera mujer Presidenta de Brasil: se dinamita la Democracia.

La derecha sin soporte popular juega sucio: no reconoce las victorias electorales de la Izquierda, las difama y si tiene la oportunidad, derroca y usurpa. Porque quiere controlar eternamente los aparatos del sistema o retenerlo a como sea: entregados completamente al culto del capitalismo despiadado.

Estos gorilas sin charreteras ni tanques, pero con muchas rotativas y medios, al final lesionan el desarrollo de las naciones y reabren heridas que ya debieran estar sanadas.

Sandino se lo dijo a Ramón Belausteguigoitia hace 83 febreros para que comprendamos qué son las vetustas historietas confabuladas contra la Historia:

“Me acuerdo yo entonces de la situación de Centroamérica. Estas pequeñas Repúblicas, con las que no ya la diplomacia yanqui, si no las Compañías americanas, sobre todo las fruteras, juegan como muñecos.

“Ellos hacen y deshacen elecciones y ponen sin gran esfuerzo, a sus hombres de confianza”.