Los observadores electorales también deben ser electos

Opinión: 07/06/2016

Los observadores electorales también deben ser electos

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

I

Las misiones de Observación Electoral deberían suspenderse, mientras las democracias no las legitimen.

Los pueblos así como escogen a sus presidentes, gobernadores y diputados, también tienen derecho de elegir a los que merecen la alta distinción de ser Observadores Electorales allende las fronteras.

Estos Observadores no deben sacarse de la manga de la camisa, impuestos por el dedazo de turno, para que luego vayan a husmear elecciones ajenas en favor de sus candidatos favoritos. La Democracia se construye con Democracia.

Si los observadores no salen de las urnas domésticas, no tienen por qué cuestionar las urnas del exterior.

Por supuesto, los observadores no están facultados para sustituir al árbitro electoral. No es ese su rol. Algunos organismos se atribuyen funciones que tampoco les compete ni cuentan con el voto ciudadano de sus connacionales para ejercerlo.

II

En el Congreso Sandinista Nacional “Comandante Tomás Borge Martínez”, el presidente Daniel Ortega dijo que “aquí se acabó la observación”.

Sin embargo, hay un amplio sentir de la ciudadanía que demanda justamente eso, pero en tanto los observadores no sean votados en un proceso electoral, deben ser expertos de prestigio y no operadores políticos.

Así como hay testigos electorales idóneos, otros se encargan de financiar expediciones colonialistas.

Quizás porque algunos utilizan estos mecanismos para exaltar las democracias subalternas y condenar a las democracias de verdad, el comandante Ortega no quiere este tipo de presencia política.

En el reciente pasado se fletaron carabelas que navegaron en medio de los archipiélagos de la derecha para unirla, a fin de que los resultados electorales se ajustaran a su “informe”, una sentencia condenatoria previamente elaborada.  En vano, porque a los “nativos” ya no los engañan fácilmente con democracias de espejitos.    

Aun así, hay expresidentes de derecha que yéndose con nulos índices de aprobación, sin vergüenza alguna organizan cárteles de despechados para ir a merodear los procesos democráticos auténticos y sacarse, en tierra ajena, la espinita que no pudieron hacerlo en la propia.

Aparte siguen sus subordinados: funcionarios, cancilleres o ministros de estos antiguos feudos derechosos que pasan por “democracias” y no obstante, más allá del ritual de los sufragios, nunca asumieron el sistema participativo a como Dios manda. Pero ahora, sin que nadie los eligiera en sus respectivos países, se proyectan como pontífices hemisféricos de la democracia.  

III

La ciudadanía nicaragüense consultada por diversas firmas da un puntaje superior al 80% para que haya observación electoral. En marzo fue de 83% y nada hace indicar que esos porcentajes se desinflen.

Esas encuestas ubican al Frente Sandinista como una marca bien posicionada, por arriba del 50%. En cuanto al Comandante y la escritora Rosario Murillo, superan el techo de su partido con más del 70%.

Ahora, de esas cantidades de gloria y adelantada victoria es que también surge el hondo sentir de la ciudadanía de contar, para estos comicios, con una decente observación electoral.

Esa Nicaragua inmensa que en las pesquisas subrayan el triunfo del FSLN con un 63%, es la que hace que “El Pueblo Presidente” no sea solo un lema sin contenido, sino una realidad de carne, hueso y voz que  demanda el testimonio comicial.

Estos datos no surgieron del aire; son frutos del cambio, la inteligencia y el trabajo: de ver a Nicaragua como la Patria que es, no el lugar para el ensayo de paradigmas escleróticos.

El Frente Sandinista sabe que este pueblo no odia a ninguna otra nación y que no considera a los Estados Unidos su enemigo, a pesar de las convulsionadas relaciones desde la Doctrina Monroe.

Nicaragua no es un pueblo que iza la bandera del encontronazo sino del encuentro y que destaca, ahora con el Gobierno Sandinista, a personalidades que han trabajado en la construcción de la democracia, invocando el lenguaje de la Reconciliación y no del enfrentamiento.

De ahí que después de sufrir el bloqueo económico, el desabastecimiento, las colas interminables para conseguir arroz, frijoles… y aceite; la pérdida de hijos con el Servicio Militar, la agresión armada patrocinada por Reagan, lo menos que quiere la población es vivir una sola hora de esos días de infortunio que no padecieron los cuadros privilegiados, esos que abandonaron al FSLN en las duras.

El Frente Sandinista con Daniel y Rosario no es rígido. Se ha transformado en comparación con los años 80 y ha venido concordando con lo que el país necesita.

Este liderazgo revolucionó la manera de hacer Revolución. Marx escribió que “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico” (Tesis sobre Feuerbach).

IV

Si las democracias consideran que la observación electoral es indispensable, esas mismas democracias deben elegir candidatos de los diversos partidos al delicado cargo de integrar estas misiones en cada proceso electoral, para balancear y garantizar la ecuanimidad de su sensible labor.

Por ahora, es saludable que se acrediten expertos solventes como ha sucedido con los exmagistrados latinoamericanos presentados durante la convocatoria del CSE.

Las encuestas, a lo largo de estos años, han diagnosticado que el pueblo de Nicaragua no tiene un corazón enfermo de rencor, odio y venganza. Precisamente por eso los partidos de la derecha conservadora han quedado sin audiencia.

Descalificar al Consejo Supremo Electoral, encargado de llevar adelante el proceso democrático, solo porque los candidatos del ala extremista de la oposición no gozan del respaldo ciudadano, es intentar sabotear los comicios.

Ni las multitudes ni el líder carismático se inventan, mucho menos el éxito de partidos deshabitados con liderazgos de papel periódico.

Si en cinco años no lograron convencer a las mayorías, en cinco meses qué pueden hacer, aparte de infamar al CSE.

Ninguna jornada electoral es un acto de magia.