La solidaridad como nunca antes se vio en Nicaragua

Opinión: 27/06/2016

La solidaridad como nunca antes se vio en Nicaragua

Autor: Nicaragua905

I

Construir un mundo solidario hoy es un “pecado”. Peor si se hace desde las razones puras del cristianismo. A la élite no le importa la situación de los grandes arrinconados: gastar un suspiro de lástima es la tradición.

Para el estatus de los egos macizos ¿qué reacción les provoca quienes no nacieron en las cunas del privilegio? ¿Fingir un pesar, la mirada que se ha de apartar y… un voto que es lo único que se les podría arrancar?

No hay registro que alguna vez alguien o una organización se acordara intensamente de los olvidados de Nicaragua. Por lo visto, romper ese ingrato paradigma no es bien visto. Más si se trata del FSLN.

Hasta el retorno del Sandinismo, el “amor al prójimo” no trascendía los límites del paliativo moral y la compasión dominical.

Por eso la élite, “divina o mundana”, no pierde la oportunidad de descalificar todo lo que contribuya a recordar lo que la amnesia del sistema económico borró del mapa de los vivientes.

Si la solidaridad es objeto de terribles ataques, la resurrección social y económica de los pobres es una blasfemia.

Solo basta mencionar los programas socioproductivos. Son los más denigrados: la élite cierra fila contra esos instrumentos de la solidaridad cristiana.

¿Qué significará ser cristiano para los V.I.P. de este siglo? ¿Acaso, como cantó Luis Enrique, solo es darse “golpes en el pecho”, aunque sea “muy duro ese cuero”?

A estos no les importa que la solidaridad la hayan anunciado los profetas judíos y los Evangelios. Por eso critican a quienes la cultivan. Es que la Palabra de Dios no siempre cayó en tierra buena. También cae a la orilla del Camino, entre espinos y pedregales.

¿Por qué chilla el coro de maldición cuando una dama de la sociedad rural –otrora postergada– recibe unas gallinitas en su ranchito?

¿Y por qué años atrás, durante los gobiernos de Alemán y Bolaños, se escuchaba una sinfónica de bendición, hisopo, acetre y agua bendita en manos, por la inauguración de edificios y empresas subsidiados con generosas exenciones de impuestos, precisamente a favor de los desbordados de abundancia?

Para esos corazones yermos, el mundo está compuesto de ricos y pobres, patrones y asalariados, suerteros y torcidos. “Así ha sido siempre”, concluyen los unos contra los otros. Entonces, ¿para qué cambiar?

Pero esto no es el asunto simple de los que tienen y los que no poseen nada. La contradicción está entre los que sí viven y los que solo les ha tocado existir, excluidos de todo.

Las viejas concepciones indicaban que la articulación social, en estamentos o clases, partía de la producción y la distribución, lo cual, opino, devalúa al hombre en un subproducto de la economía.

Según esa lógica, su pensamiento y destino no eran propios: dependían del vaivén de las transformaciones de los modos de producción y el intercambio. Para Engels, ahí nace cualquier “modificación social y subversión política” y no “en la cabeza de los hombres, en su creciente búsqueda de la verdad y de la justicia eterna”.

Pero el mundo real gira con dos grandes estamentos guías, de donde se desprenden visiones y actitudes, más allá de la diversidad de oficios y profesiones, posiciones o pasiones políticas y económicas: la clase de los feroces corazones secos, y la feraz clase de los corazones fructíferos.

II

Hay algunos que no alcanzan a ver lo que mandan a desordenar los apóstoles para concertar una mejor sociedad y hacen de sus ministerios un lastre. Prefieren las piruetas teológicas o filosóficas descarnadas, caducas para promover la integración pero eficientes en suministrar al inmovilismo, estilo, elegancia y el infaltable ornamento: la limosna.

El papa Francisco, a contracorriente de la inmisericorde vieja guardia, estancada en la tradición, no quiere esa iglesia disminuida.

Los Evangelios son una denuncia poderosa contra la inequidad, lo que no quiere decir fabricar una “igualdad” injusta, o caricatura de socialismo: ese que no reconoce el trabajo, los sacrificios o el estudio de alguien que contó con el apoyo de su mamá cocinera o su padre jornalero, y que al obtener algún bien material, se le arrebata para “repartirlo” entre los necesitados.

La igualdad es la de las oportunidades como el acceso y mayor inversión a la Educación competente, principal llave del desarrollo. Es la promoción de la soberanía alimentaria como lo ejecuta el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

III

La más grandiosa de las revoluciones es sacar de la periferia de la vida a las familias esforzadas que antes no contaron con posibilidades para que sus hijos continuaran sus estudios técnicos o superiores; abrir un negocio o ampliar sus áreas de siembra.

¿Qué hace falta avanzar? Sí, diez años son pocos para superar una herencia de casi dos siglos de exclusión.

¿Quién, siendo cristiano genuino, se opondrá a que los pobres dejen de ser indocumentados en su propio país? Solo un corazón seco.

El propio papa Francisco se dirigió a los corazones de piedra en la reciente catequesis de la nueva Audiencia Jubilar: “La verdadera conversión llega cuando acogemos el don de la gracia”. “Un claro signo de su autenticidad es que nos acordemos de la necesidad de los hermanos y estemos listo para ir a su encuentro”.

La solidaridad no es populismo, como vociferan los corazones áridos. El Papa dijo el 7 de junio de 2013: “A esta palabra ‘solidaridad’, no bien vista por el mundo económico –como si fuera una mala palabra–, es necesario volver a dar su merecida ciudadanía social. La solidaridad no es una actitud más, no es una limosna social, sino que es un valor social. Y nos pide ciudadanía”.

Hasta ahora, en Nicaragua, solo el Frente Sandinista ha manifestado tener una gran memoria social y el primero en practicar la solidaridad, masiva y sistemáticamente, con los marginados o con los que han sufrido una calamidad.

Una ilustración de los incontables acontecimientos que revelan en manos de qué corazones está el país: los damnificados del terremoto en Somotillo, Puerto Morazán y Chinandega recibieron desde planes techos, juguetes para los niños, paquetes alimentarios, kits de higiene personal hasta cocinas y cilindros de gas.

Jesús dijo: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis…” (Mateo 25:35).

Cristianismo, pues.