La tentación de la “verdad única”

Opinión: 30/06/2016

La tentación de la “verdad única”

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Es algo verificable formalmente: se dice que “estamos en el siglo XXI”, porque, mecánicamente, el calendario lo marca. Pero no todos entraron con puntualidad a la nueva centuria.

Las viejas ideas, los mismos engaños, el odio reciclado, la infamia prolongada, la apuesta a la violencia y otras actitudes tan lejanas de las virtudes, es decir, lo peor del pasado en pleno, son el lastre de un reducido grupo que no les permite actualizarse.

Durante los procesos electorales desde el 90, las exageraciones, la fábrica de desinformación y la tendencia a magnificar y sacar fuera de contexto algún hecho, se ha convertido, en el reducido reino de la extrema derecha, no en una tendencia, sino en su propio lenguaje.

Tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia que dirimió definitivamente qué facción recurrente merecía los sellos del Partido Liberal Independiente, la derecha provinciana en coro, desde sus distintos ángulos de intereses, se rasgó las vestiduras.

Que “la oposición se quedaba sin casilla electoral”, que “las elecciones serían de una sola casilla”, bla, bla, bla… El partido impreso conservador exhibió su pasión totalitaria: “Tiro de gracia a las elecciones”.

Con la visión arbitraria de los fanáticos fundamentalistas que proclaman una “verdad única”, para dividir el mundo entre “fieles” e “infieles”, esta derecha se atribuye la facultad absoluta de etiquetar quién es el “verdadero” o el “falso” opositor.

El fallo judicial afectó a unas siglas que bajo el control de Eduardo Montealegre no representaban ni el 4% de la población, evidencia de su impalpable incidencia en el radar de los grandes intereses de la ciudadanía.

Las encuestas de distintas empresas han puesto de relieve, en el mapa electoral, quiénes son un territorio continental, quiénes isla, quiénes islote y quiénes cayo.

Pero una ínfima y porosa porción partidaria ambiciona no ser solo archipiélago, sino el “planisferio” político de la sociedad. Claramente delira ser el partido único, pasando por encima de la oposición y del FSLN, una pretensión que expone crudamente su soberbia, a la vez que comprueba la certeza del adagio: “El que las usa las imagina”.

Una publicación expuso “En su encuesta realizada entre el 15 y el 23 de septiembre de 2012 a 1,600 personas de ambos sexos, mayores de 16 años, M&R encontró una simpatía del 8.6% hacia los partidos de oposición, divididos en 5.1% para el Partido Liberal Constitucionalista, PLC; 3.2% para el Partido Liberal Independiente, PLI…”.

En marzo de 2015, la misma firma encontró que 2.1% era la inerte simpatía del citado PLI. En junio de este año, luego de la resolución judicial que le devolvió la representación legal a Pedro Reyes, ya dio síntomas de vida: tuvo un alza de 3.1%.

Si aquel cascarón “PLI” no atraía ni al 4% de la atención cívica nacional, ¿por qué se creen los “propietarios” del sufragio universal?

Creyéndose la última coca cola en el desierto, insisten en agitar la discordia. Y desde esa posición excluyente descalifican a las formaciones políticas con banderas opuestas al sandinismo, para amenazar con letra de molde: “que las consecuencias se vean es solo cuestión de tiempo”.

Por la paz

Sin embargo, líderes evangélicos de iglesias multitudinarias exhortaron al deber ciudadano. El reverendo Omar Duarte hasta organizó jornadas de ayuno para que el proceso electoral “se desarrolle en paz y civismo”.

Asimismo, el Cardenal Leopoldo Brenes instó a elegir los cauces civilizados, cuando el domingo llamó a la verificación:

“La confrontación no abona en nada, lo importante es que tenemos que elegir a nuestras autoridades y con mucha responsabilidad; que todo mundo trabaje por hacer conciencia de la línea partidaria y aquellos que forman parte de esa ideología, que apoyen a su candidatos, y si son favorecidos por la mayoría, serán bendecidos para dirigir el país” (Canal 12).

Las estadísticas señalan que la sociedad sí cuenta con alternativa y no necesariamente solo en la oposición. M&R estableció este 27 de junio que la intención de votos para el FSLN ascendió al 65%, captando al 6% de los independientes. El voto oculto es de 22%.

Hay que recordar que el fallo de la Corte fue el 8 de junio, y el presente sondeo de M&R se realizó del 11 al 20 de junio. Lo interesante es que el PLI histórico, contrario a la caída en barrena del montealegrismo, mejoró su registro electoral con un 5.6%.

En tanto, por el PLC votaría el día de hoy, el 5.6%. El Partido Conservador, 1.2%, y por el Apre, 0.6%.
¿Cómo, entonces, una coalición deshabitada, al quedarse sin toldo partidario, trata de convertir una llamarada de tusa en “terremoto político”?

El abuso del castellano es ostensible. La Real Academia Española define el evento telúrico: “Sacudida violenta de la corteza y manto terrestres, ocasionada por fuerzas que actúan en el interior de la Tierra. 2. Conmoción ocasionada por un suceso grave o inesperado”.

Conmoción: “Tumulto, levantamiento, alteración de un Estado, provincia o pueblo”.

Terremoto político y continental es lo que ocurre con la salida del Reino Unido de la UE, como bien grafica la BBC.

Votos a favor del Brexit: 17.410.742 (51,9%) Votos a favor de permanecer: 16.577.342 (48,1%) “Los resultados a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) crearon un terremoto político no sólo internacional, sino dentro del país. Esto revela una nación profundamente dividida en los niveles geográfico, político e incluso demográfico”.

Hablar de “terremoto político en Nicaragua” (?) porque el candidato de Montealegre ya no podrá correr en el alero del PLI histórico, es una prueba de esa compulsión a abusar hasta de la alucinación.

CID Gallup registró, en mayo, que Luis Callejas obtuvo un respaldo del 2% de su electorado potencial. Según la derecha ortodoxa, Nicaragua está “profundamente dividida” en dos “enormes” estamentos: el 98% desfavorable a su candidatura y el 2% a favor.

El rechazo del pueblo hacia el extremismo derechista no es nada nuevo. En enero de 2015, La Primerísima precisó: “El PLI (de Montealegre) ha caído desde un 48% de simpatía en el 2010 a un 2% en tan solo 4 años, es decir, una caída del 46%”.

Antes que la Corte dictara su veredicto en junio de 2016, el Jurado compuesto por el Soberano hacía tiempo que ya lo había condenado a la soledad.