Estados Unidos… ¿Independencia blanca?

Opinión: 13/07/2016

Estados Unidos… ¿Independencia blanca?

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

En la madrugada posterior al Día de la Independencia de los Estados Unidos, policías blancos agregaron a la pólvora de la solemne festividad, el azufre de su maldad: mataron a Alton Sterling en Louisiana. 24 horas después se repitió la triste historia en Minnesota, al disparar a quemarropa a Philando Castile. Ambos, afrodescendientes, desarmados e indefensos.

El Acta de Independencia, que es la piedra angular del Estado de Derecho de la Unión Americana, no tiene nada que ver con el Acto de los que consideran más importante el pigmento de los hombres que los 43 renglones leídos en Filadelfia, cuyo espíritu se resume en la tercera y cuarta líneas:

“Sostenemos como verdades evidentes (…) que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Si las fuerzas del orden y la seguridad, operadores de la justicia, la economía, las instituciones locales y federales, los magnates, el Hollywood de los Óscar caucásicos y el candidato Donald Trump asumieran la declaración de los Padres Fundadores de la Unión, irradiándola desde sus propios espacios e influencias, Sterling y Castile hoy gozaran del elemental derecho humano de la vida. Y el mundo sería menos desdichado.

Los fondos que Estados Unidos desperdicia en Latinoamérica con la “promoción” de la “democracia”, la “libertad de prensa” y los “liderazgos”, debieran invertirlos mejor en casa porque su destinataria, la derecha conservadora, ni en sus propios partidos ensaya tales virtudes. Además que degrada el tema tan sensible de los derechos humanos a la más chabacana politiquería.

Democratizar la Democracia es el mejor fomento a la paz pluriétnica. El pueblo diverso y multicultural de Estados Unidos lo merece, porque brilla más el ejemplo que el discurso, los hechos en la nación que exportar “los valores occidentales”, vedados en buena parte a los afrodescendientes.

Mientras, Trump agita la supremacía del WASP, “blanco, anglosajón y protestante”, porque ahí está la médula de este omnímodo y fáctico partido racial: revertir la gloriosa proclama de 1776.

En la otra acera, Barack Obama, técnicamente el hombre más poderoso de la Tierra, luce impotente ante la realidad de sus hermanos, condenados a pagar, con la marginalidad o la muerte, el “delito” de tener un color distinto al del stablismenth.

“Los tiroteos reflejan la disparidad racial que existe en el sistema judicial”, admitió el Jefe de Estado, en una sorprendente confesión de que la Justicia no la administran los semidioses y comete los mismos pecados de cualquier tribunal tercer mundano.

“No son incidentes aislados, son sintomáticos”. “…cuando los incidentes como estos ocurren, hay una gran parte de nuestros ciudadanos que sienten que debido al color de su piel, no son tratados de la misma manera, y eso duele”, agregó.

Medios internacionales divulgaron, de acuerdo al conteo de The Guardian, que son 561 personas abatidas por las fuerzas del orden de los EEUU en estos siete meses del año. 136 son afroamericanos. De ellos, 61 estaban desarmados. Es la minoría racial más castigada.

La lista fatal incluye 279 blancos; 128 armados. No obstante, los norteamericanos de origen europeo superan el 70%.

Según el recuento extraoficial, después de la comunidad afroamericana que algunas fuentes datan cerca del 13 % de la población, en términos proporcionales le siguen los nativos americanos como la sangre más derramada: 13 murieron este año en enfrentamientos con la policía. Seis nativos estaban armados.

¿Qué “advertencia” emitiría el Departamento de Estado a sus ciudadanos, si eso hubiera acaecido en Nicaragua?

Pero esos 13 ciudadanos no alcanzaron en los titulares del planeta ni en ninguna agenda de DDHH. Los que sí encabezaron ciertas páginas son los cinco o seis extranjeros opositores al Canal, a pesar de ser devueltos enteros, sanos y salvos a sus respectivos países.

Lo de siempre: el extremismo conservador en todas sus presentaciones distorsionó una medida administrativa de las autoridades de Nicaragua con todos los altos decibeles de una matanza como la de los estudiantes normalista de Ayotzinapa en México.

Lincoln

Cuando Obama fue investido como el cuadragésimo cuarto Presidente, el tema de su posesión fue “Un nuevo nacimiento de la libertad”, en honor a Abraham Lincoln. Ante los caídos en la Batalla de Gettysburg, el memorable prócer exhortó en 1863:

“Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra”.

Prácticamente, con la radiografía que el presidente Obama hizo a su país, 240 años y 3 días después de la Independencia y a casi 153 años del célebre Discurso de Lincoln, se observa un serio déficit de Estados Unidos respecto a esos nobles ideales.

“De acuerdo a varios estudios, no uno sino varios estudios que han ocurrido a lo largo de varios años, los afroamericanos tienen 30% más posibilidades (que los) blancos de ser puestos a un costado del camino, de ser frenados; después de ser frenados por la policía los afroamericanos tienen tres posibilidades más fuertes de ser revisados. El año pasado los afroamericanos fueron tiroteados por policías más del doble que los blancos, los afroamericanos son arrestados el doble que los blancos, los afroamericanos acusados tienen más posibilidades de ser sentenciados”, relató el mandatario.

Verdadera división de poderes: la Justicia no depende del Ejecutivo, sino de las fuerzas del status quo, que es peor. Obviamente, no es por esto por lo que lucharon George Washington ni Abraham Lincoln.

Gracias a Dios hay altos funcionarios eurodescendientes que sí respetan los derechos de los demás, sin fijarse en su epidermis. “¿Habría pasado esto si esos pasajeros hubieran sido blancos? No lo creo”, expresó el gobernador de Minnesota, Mark Dayton.

También hay policías que son profesionales y ciertamente ninguno debe ser víctima de venganzas como sucedió en Dallas. “La mayoría… hace un buen trabajo”, reconoció Obama.

Sin dudas, a poco de entregar la Sala Oval, el estadista atraviesa las horas más amargas de su gestión, por lo que significa ser un pionero de su raza en escalar la cúspide de Washington y por lo que falta por cambiar para que la grandeza de su patria sea completa.

De todas maneras, cuando él pase por la Avenida Pensilvania, en el Distrito de Columbia, únicamente le bastará ver el edificio donde trabajó los últimos ocho años para recordar de qué color es aún el poder en Estados Unidos: la Casa Blanca.