La cantera de cuadros que no salió de los dogmas sino de la vida

Opinión: 25/07/2016

La cantera de cuadros que no salió de los dogmas sino de la vida

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

I

Las verdades en algún momento también deben ser puestas en escena, sobre todo cuando la mentira y la infamia alcanzan niveles patéticos para distorsionar los hechos.

Ahí estaban esas verdades en la Plaza de la Fe que no admitirán los entrenados en el engaño conservador o los que no les importa echar a perder la riqueza de un país con tal de forzar sus radicalismos escleróticos.

Fue ostentosamente visible la juventud que coronaba a un Sandinismo que muy lejos de debilitarse, exhibió su portentoso músculo como la primera vez que se alzó con Sandino en 1927, en 1978 o 1979.

Aquella magna geografía humana, en la tarde lacustre de Managua, otorgó al FSLN un fresco significado del 19 de Julio: el acontecimiento de converger lo vivido con las historias actuales de los nuevos participantes en un mismo mapa nacional para sintonizar el país con el siglo XXI.

La colosal realidad expuso el formidable poder de congregación de la institución política nicaragüense que hasta ahora es capaz de hacerlo fuera o no del poder, como lo demostró durante los 16 años de gobiernos derechistas. Solo los que tienen una honda raíz de amargura no lo reconocerán, porque nunca pudieron movilizar tantas almas juntas.

Las intensas multitudes y juventudes libres en las tribunas, en la Avenida de Bolívar a Chávez; pueblo de todas partes de la patria en pie de paz, exceden el aparato estatal como acusan los perdedores: los entusiasmos no se imponen, los ciclistas de Masaya van a la plaza sin necesidad de un bando municipal, la energía juvenil no depende de ningún memorándum, porque si así fuera, también el presidente Enrique Bolaños hubiera mostrado su “musculoso” cuerpo político al Partido Liberal Constitucionalista.

II

Las revoluciones verdaderas no obedecen a existencias artificiales ni sus genuinos líderes provienen de la mitología “revolucionaria”, porque el tiempo se encarga de poner a cada quien en su lugar y separa la verdad del error, lo original de lo postizo, los hechos de la leyenda.

37 veces 19 en las colmadas plazas es el registro de carne y hueso de la profunda convicción de las multitudes de que ese y no otro es el Frente Sandinista de Carlos Fonseca.

Es el Sandinismo de Sandino, porque la gigantesca epopeya del General de Hombres y Mujeres Libres no podía, porque iría contra el desarrollo de la Historia y el más elemental sentido común, desaparecer de este mundo sin pena ni gloria como sucede con ciertas siglas.

Con una votación del 1.33 % en 1996 –que es el dato triste de su debut electoral, como monótono su discurso–, la abreviatura no logró renovar ese promedio histórico, sino todo lo contrario. 20 años después, la última encuesta de Borges y Asociados la encuentra peor que aquel malhadado año: 0.2% de partidarios.

Los rencores no mueven a los pueblos.

III

Se desploma lo que nunca fue construido bien. Lo estamos viendo. El derrumbe unánime del socialismo europeo del Este en 1989-1990, debió derrumbar también las supersticiones que sacralizaban, paradójicamente, el útil materialismo histórico en una teología que consumió a la izquierda primitiva.

Los dogmáticos marxistas calificaron de “ultraizquierdista” a pensadores como Herbert Marcuse. Sí, son muy lentos para leer los signos de los tiempos y adelantar un proceso, pero demasiado rápidos para descalificar a los que logran ver siempre más allá, a los que saben cuándo es la hora en que si actúan algo trascendente ocurrirá bajo el sol.

Los líderes saben que la Historia es puntual y no se detiene. Los que llegan tarde quedan solo para renegar, criticar y maldecir lo que un día se levantó y empezó a andar.

¿El “pecado” del filósofo judeogermano? Advertir lo que ya el mismo Frente Sandinista de Carlos Fonseca constató de forma empírica en los 60-70: que no era el proletariado “la fuerza más revolucionaria” sino el movimiento estudiantil que lo releva de su “misión histórica”, según establecía el credo.

En la juventud está el cambio. Comenzando por Carlos y Tomás Borge, el Frente Estudiantil Revolucionario fue considerado la “cantera de cuadros” del FSLN. Tal privilegio no correspondió a la clase obrera organizada, como ordenaba el relato ortodoxo, pero no por ser “revisionistas” o por “aventurerismo pequeñoburgués”. Es que a cada Izquierda según su Historia.

Los jóvenes no son amistosos con las dictaduras: son sus oponentes naturales. Las tiranías las persiguen hasta la muerte. El 23 de julio de 1959 la Guardia Nacional masacró en las calles de León a Erick Ramírez, José Rubí, Sergio Saldaña y Mauricio Martínez. 19 años después, el 9 de julio de 1978, lo repetiría en Jinotepe con los estudiantes Fanor Chévez, Santiago López, Marlon Calderón y Mario Álvarez Rojas.

Del movimiento estudiantil –y no de las escasas fábricas de un país atrasado y agrario como Nicaragua– pasaron a la lucha armada el propio Daniel Ortega, Omar Hallesleven, Doris Tijerino, Edén Pastora, Julio César Avilés, Adolfo Zepeda, Ramón Avellán, Jacinto Suárez…; héroes y mártires como Julio Buitrago, Leonel Rugama, la Gata Munguía, Orlando Castellón Silva, Arlen Siú, Hugo Arévalo, Freddy Solano, Moisés Muñoz Ticay, Adolfo Aguirre, Francisco Meza, Miguel Bonilla…

Ello no quiere decir que en las filas sandinistas no se integraran extraordinarios cuadros de extracción obrera urbana o agrícola como José Benito Escobar, Germán Pomares e Hilario Sánchez.

En la generación estudiosa se convoca la sociedad horizontal. No es una clase con su propia visión homogénea y taciturna del mundo, sino un crisol de voluntades con perspectivas y superación, de ahí la enorme riqueza del Sandinismo que no está construido de odio ni sus cimientos son el resentimiento ni el deseo soberbio de la venganza.

Trabajar, pues, la materia prima de la realidad nicaragüense para transformarla es lo que distingue al Sandinismo clásico del izquierdismo jurásico, ese mismo que involucionó tanto al grado de hallarse a gusto en las cavernas de la extrema derecha, donde algunos terminan de oráculo.

Es lo que enseña la vida: con la intransigencia radical de los pequeños espíritus desaparece todo rastro de grandeza humana. Vale lo que suma, lo demás es temporal y descartable. La única lealtad es al cálculo.