El Ejército de nuestra mejor Historia

Opinión: 02/09/2016

El Ejército de nuestra mejor Historia

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

I

En abril pasado, una señora que conducía su camioneta escapó de ser asaltada, junto a sus hijos, por tres sujetos en el kilómetro 142, Chinandega-Somotillo.

La información de Elizabeth Jiménez Villalobos a un medio local, señala que “Ellos se querían llevar a la niña…y lanzaron un escopetazo al aire”.

Los delincuentes al ver un camión que se acercaba de norte a sur con soldados del Segundo Comando Militar, salieron en guinda. Los uniformados hirieron a uno, capturaron al otro y el tercero se fugó.

“Somos cristianos evangélicos y por eso yo les decía a ellos que se llevaran todo pero que no le hicieran daño a mi hija. La Palabra de Dios dice que los Ángeles de Jehová acampan alrededor de los que le temen y los protegen”, narró Jiménez.

El testimonio conmovedor de la madre retrata al Ejército de Nicaragua como un instrumento del bien, en un episodio de los tantos en los que se ha visto involucrado, además de su lucha contra los cárteles de la cocaína.

Los muestreos de opinión, como los de julio, revelan que el Ejército “se mantiene como la institución con mayor rango de confianza entre los nicaragüenses: 87.3%”, precisó M&R.

Pesa más el noble sentimiento ciudadano que el resentimiento de algunos oficiales retirados que nunca dieron de baja sus odios contra la institución que los formó.

“Los pobladores ven al Ejército en labores de rescate por las inundaciones, también respaldando la seguridad en el campo”, destacó Raúl Obregón.

La sociedad demuestra así su alta estima al Ejército, una evidencia más de que la minoría conservadora no convence a nadie con su amargo discurso en una tierra de cañaverales, encantos, trapiches, espejos lacustres, ingenios y otras espléndidas dulzuras nacionales.

Durante la temporada de café, los mismos propietarios –desde el norte del país hasta El Crucero– celebran que las brigadas de soldados y oficiales cubran las áreas productivas del aromático antioxidante que tanto agrada al paladar del mundo.

La señora Jiménez, la sociedad consultada y los cafetaleros pueden encontrarse también en las palabras del presidente de la Cámara de Comercio Americana, Amcham, Roberto Sansón, durante el encuentro con el EN: “Es la primera vez en la historia de ambas instituciones que se tiene la oportunidad de conocer de primera mano la extraordinaria labor que hacen nuestras Fuerzas Armadas al servicio de la Patria.

“(…) no es por casualidad el que nuestras Fuerzas Armadas sean –hoy por hoy– la institución con mayor prestigio y credibilidad en nuestro país. Ese reconocimiento es producto de un esfuerzo de más de cinco lustros en que han venido desarrollando una política de fortalecimiento institucional y profesionalismo, adaptando al Ejército de Nicaragua a las nuevas realidades y los nuevos retos que enfrentamos como sociedad”.

II

Si la gran mayoría de nicaragüenses elogia el trabajo de los uniformados por darle contenido a la paz, la exigua minoría de malinchistas sin representatividad, reclama abiertamente abolir a la institución castrense que ha salvado de los desastres naturales a tantas vidas y de las catástrofes sintéticas del alcaloide a no poca juventud del hemisferio norte. Para variar, exaltan apasionadamente “el ejemplo” de Costa Rica “sin ejército”.

Recordemos que la BBC en junio de 2015, mes del encuentro EN-Amcham, abordó dos informes relativos al presupuesto de los ejércitos de la región, incluyendo aquellos que afirman no contar con estos.

De los tres países con cuerpos armados oficiales “Nicaragua les dedica un 0,8% del PIB, El Salvador un 1,1% y Honduras un 1,2%, asegura la información del Banco Mundial, en 2013”.
Mientras que “En Costa Rica el monto del gasto en seguridad, incluyendo policía es de cerca de US$900 millones, también aproximándose al 2% del PIB, asegura el informe de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (RESDAL), en 2014”.

En comparación, asegura RESDAL, Nicaragua invierte una cifra que apenas llega a los US$107 millones, equivalentes al 1% del PIB.

Es ilógico suponer que con el magro PIB para el EN, Nicaragua se aboque a una carrera armamentista en la región, como sus rupestres detractores se empecinan en deteriorar la imagen del país.

Aduciendo conocimientos “militares”, ignoran la Historia del Ejército, al extremo que con sus ataques irracionales intentan fabricar un escenario de expansión bélica como si nuestras Fuerzas Armadas padecieran de una tradición de invasiones, Golpes de Estado, intervenciones y ocupaciones a otros países.

En sus especulaciones demenciales, para tratar de provocar una reacción internacional contra Nicaragua, algunos llegan hasta la Difamación en grado de Sicofante Mayor de que Nicaragua podría “neutralizar el ciento por ciento de la Fuerza Aérea en la región”.

Gracias a Dios, tales exoficiales ya no pertenecen a la cadena de mandos, porque si no, hace mucho que habrían ejecutado –con graves consecuencias para la nación– sus obsesiones personales que hoy incriminan, temerariamente, a la Comandancia General.

Jesús lo advirtió: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

III

El pensamiento conservador repudia de raíz la verdad de unas Fuerzas Armadas nacidas de las 
guerrillas del Frente Sandinista de Carlos Fonseca y Tomás Borge, de Daniel Ortega, Jefe Supremo, y Julio César Avilés, Comandante en Jefe; todos guerrilleros enlazados, a través del coronel Santos López, con el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

Ese es el “pecado original” del Ejército: pertenecer al linaje del invicto general Augusto César Sandino. Y eso es imperdonable para los perdedores de ayer y hoy.

Imperdonable para los mismos que afirman defender la Constitución, pero reniegan de la Piedra Angular de sus Principios Fundamentales: “La independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional, son derechos irrenunciables del pueblo y fundamentos de la nación nicaragüense” (Artículo 1).

Les duele que seamos un Estado con los mismos deberes y derechos que cualquier otra nación de la Tierra y no un vulgar “patio trasero”.

La derecha radical que mal dice del Ejército demanda su desaparición por otra razón también mayúscula: toda evocación de fronteras, Himno, Bandera y Escudo propios le provoca amargura de espíritu.

¿Por qué? Porque “El Ejército de Nicaragua es la institución armada para la defensa de la soberanía, de la independencia y la integridad territorial” (Artículo 92 de la Carta Magna).

En el Ejército, escrito está, los símbolos patrios se vuelven de carne y hueso. Y también su sangre.