¿Quiénes menosprecian a la Iglesia Evangélica?

Opinión: 19/09/2016

¿Quiénes menosprecian a la Iglesia Evangélica?

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Es bueno que las autoridades de gobierno y representantes de las iglesias evangélicas hayan llegado, en días pasados, a un consenso en torno a la normativa administrativa para la entrada de religiosos, organismos y asociaciones humanitarias.

Lo pésimo fue que trató de ser manipulado desde un reducto ideológico que jamás favoreció la difusión del mensaje cristiano, fuera de su calculada religiosidad.

El Crimen Organizado, las maras y el terrorismo son una amenaza internacional. Solo por politiquería alguien puede “ignorar” a estos verdaderos enemigos de la humanidad y reducirlos a “pretexto” gubernamental para, según sus delirantes elucubraciones, establecer un “estado policíaco” y vulnerar, incluso, los derechos de las almas piadosas que eventualmente nos visitan.

Para el pensamiento conservador –en su estado de paranoia habitual– lo esencial no es que la evangelización avance, las misiones pastorales ejecuten su labor, que una campaña se desarrolle con éxito, sino promover el desencuentro, la cizaña y la falacia: que el gobierno le “quita la Plaza de la Biblia”, “reprime”, “persigue” y “vigila” a las iglesias.

Los pastores que participaron en las reuniones saben muy bien que, en tanto representantes del protestantismo nacional, la extrema derecha conservadora, aglutinada alrededor del partido impreso, no los soporta.

Sus actividades de bendición para el país, incluyendo su extensa laboriosidad social y educativa, al parecer no poseen los méritos necesarios para una portada. Esta es reservada para el particularísimo credo político-religioso del partido impreso, que por definición es pre –y no pro– Juan XXIII.

No es casual que hayan organizado su propia jerarquía mediática, incluso, relegando a posiciones inferiores a los Dignatarios de la Iglesia Romana y Consejeros del Papa, como son los dos primeros Cardenales de Nicaragua. Sí, relegados, junto a obispos y clérigos por estar comprometidos con la fe de su Iglesia y no con las fobias de la derecha integrista.

Las reflexiones, las opiniones, la luz que los dirigentes evangélicos pueden ofrecer a la sociedad sobre diversos temas tampoco son consideradas lo suficientemente valiosas para lograr su inclusión en la “agenda periodística”.

Únicamente son tomados en cuenta si comulgan –apercibidos o no de su utilización– con el formato ideológico conservador, nunca por ser autoridades eclesiásticas merecedoras de respeto.

Por ese esquema desafortunado, una parte de la dirigencia denominacional estuvo de moda por algunos días hasta convertirse en actores de primer plano. ¡Salieron de las páginas interiores! ¡Aleluya! Es que a falta de seguidores del radicalismo derechista, lo principal es que ahora “hasta” los evangélicos “van a las calles”.

Sin embargo, al establecer una medición comparativa entre el tratamiento dispensado a la Iglesia Evangélica por parte de los gobiernos derechistas del 90 al 2006 y el Sandinismo, el balance es positivo para el FSLN.

Desaire presidencial

Fue en tiempos de la guerra financiada por Ronald Reagan. Ningún Presidente de la República, en toda la historia del protestantismo en Nicaragua, se dignó a asistir a uno de sus eventos. En 1987, el comandante Daniel Ortega fue el primer Jefe de Estado que acompañó al finado predicador Yiye Ávila, durante su Cruzada Evangelística.

Empero, cuando ya no había conflictos alentados desde el exterior, un gobierno sin el cerco brutal a las fuentes de financiamientos, a sus exportaciones e importaciones, demostró la falta de aprecio de la elite conservadora a la Iglesia Evangélica en general.

Ministerio Mundo de Fe, marzo de 2004. El presidente Enrique Bolaños se comprometió ante las denominaciones cristianas a invocar a Dios, desde la Iglesia Evangélica, para que bendijera las cosechas en el Día de Oración Nacional.

El pastorado nicaragüense, en sus distintas expresiones como el Consejo Nacional de Pastores Evangélicos de Nicaragua, la Alianza Evangélica e iglesias populosas estaban preparados para la convocatoria oficial.

Masaya, domingo 9 de mayo de 2004. El mandatario, acostumbrado a dar madrugonazos, apareció en su parroquia donde hizo la “oración nacional”. Ni siquiera tuvo la gentileza de participarle al pueblo y liderazgo evangélicos de su repentino cambio.

Managua, lunes 10 de mayo. El reverendo Augusto César Marenco desenmascaró la falsa piedad conservadora: “Dios no oye la oración de los hombres que viven en la mentira, que injustamente maltratan al prójimo o desvalido, tampoco oye la oración de aquellos que no son sinceros consigo mismos, con el pueblo y con Dios”.

La plegaria presidencial, agregó fue una “oración mecánica, vacía, decorativa”.

Aunque hoy la derecha conservadora exalta a Bolaños (2002-2006) que “entregó la mesa servida” con “democracia”, el reverendo Marenco constató:

“Seguimos confirmando con todo esto que tenemos un gobernante que está pésimamente administrando al país, y ahora que se mete al campo espiritual, sale peor todavía, porque sentimos a un presidente que no sabemos quién es, no le vemos un rostro ético, no le vemos rostro de estadista”.

Caso Cerrato

Una ilustración del menosprecio que alguien puede sufrir solo por ser de procedencia evangélica es el ninguneo que sufrió el ex reverendo Saturnino Cerrato, quien buscó la candidatura presidencial desde la plataforma más rancia de la cúspide conservadora.

Cuando Cerrato aparece en el proscenio partidario, en el teatro de Eduardo Montealegre, sus “luminarias” lo encandilaban como el ex Superintendente de “la más grande iglesia evangélica de Nicaragua”. Claro, necesitaban llenar las butacas vacías.

Al mantener su idea inicial, ya eso no fue del agrado del grupo. Por si fuera poco, el partido impreso, para restregarle en cara el desdén a sus aspiraciones, se dio gusto con titulares como “Saturnino Cerrato se siente ignorado como precandidato a la Presidencia”.

Aun cuando don Fabio Gadea no aceptó ir en la boleta electoral, a la derecha conservadora le incomodaba la presencia del intruso que se atrevía a mantener su nombre en las marquesinas. El rechazo fue ostensible: “Desde que el reverendo Saturnino Cerrato dejó de laborar para el Reino de Dios para militar en política…”.

El Partido Liberal Independiente al retornar a sus cauces normales, y el grupúsculo de la extrema derecha quedarse en el aire, el aspirante –por insistir en su proyecto presidencial bajo otra bandera– solo era un “mundano” más: no únicamente había “dejado de laborar para el Reino de Dios”, ahora se trataba del “reverendo que abandonó los caminos cristianos para hacer política partidaria…”.

Con todo, el auténtico liderazgo espiritual de Nicaragua, evangélico o católico, conoce bien que lo trascendente es cumplir con la Sagrada Biblia.

Para los espíritus menores, cada quien alcanza el estado de gracia a como pueda, aunque sea de relleno en las paganas escrituras del pensamiento conservador.