Chorotegas: Padres del respeto a la mujer

Opinión: 12/10/2016

Chorotegas: Padres del respeto a la mujer

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

Hay dos comportamientos hacia la mujer que proviene de lo más subterráneo de nuestros ancestros: uno es Chorotega y el otro Hispanáhuatl.

Y no es tan cierto que provenimos únicamente de primigenias poblaciones de factura patriarcal, como obstinadamente se dice en los foros feministas.

De las tres sociedades que después se fundieron, Chorotega, Nahoa e Ibérica, más la Africana, la primera era la que ubicaba en un grado privilegiado al subestimado género. Contaban con una sólida Cultura Matriarcal.

Los historiadores han convenido en que los Chorotegas fueron los primeros en ingresar de México, en el año 800 después de Cristo. Posteriormente, penetraron los Nahoas en el año 1,200, reduciendo los extensos dominios mangues.

Era tanta la crueldad en tiempos de expansión militar que tanto los habitantes de Nicaragua –los supuestos “salvajes”– como los europeos –los supuestos “civilizados”– competían en obtener la medalla del horror.

En medio de estas guerras tribales de lampiños a pie y la desatada por la tribu hispana de barbudos a caballo, se destaca que los más civilizados de todos, al fin de cuentas, eran los Chorotegas.

Gonzalo Fernández de Oviedo valora en sus crónicas la organización sociopolítica, la elección del jefe de guerra sometido a la jurisdicción civil y la dirección de gobierno, subrayados por un sistema democrático que contrastaba con el duro mando náhuatl o hispano, Teyte-Nobleza o Capitán de Conquista-Gobernador español.

La Mujer

Donde se aprecia la diferencia entre nahuas-españoles, de tradiciones altamente machistas, y los Chorotegas, es en la actitud hacia la mujer y el hogar. Los mangues demostraron una considerable coherencia entre la política, la comunidad y la vida en familia.

El historiador Lothrop escribe que “la situación de la esposa después del matrimonio era desusadamente buena. Andagoya escribe:

‘los maridos les eran tan sujetos, que si ellas se enojaban los echaban de casa, y aun ponían las manos en ellos: hacíanles servir y hacer todo lo que a un mozo podrían mandar, y él se iba a los vecinos a rogarles que viniesen a rogar a su mujer que le rescibiese y no hubiese enojo’”.

Por su parte, Oviedo narra: “Tienen cargo los hombres de proveer la casa propia de la labor del campo é agricultura é de la caza é pesquería y ellas del tracto é mercadería; pero antes quel marido salga de casa, la na de dexar barrida y encendido el fueyo, é luego toma sus armas é va al campo ó á la labor dél, ó á pescar ó cazar ó hacer lo que sabe é tiene por exercicio” (Culturas Indígenas de Nicaragua, Tomo I).

Pablo Antonio Cuadra reconoce en “El Nicaragüense” que “Los Chorotegas era gente valerosa, grandes artífices, gustaban de la vida familiar, amorosos con sus mujeres, tanto que Oviedo escribe que eran ´muy mandados e subjetos a la voluntad e querer de sus mujeres´”.

El contraste no podía ser tan claro con los nahuas. PAC refiere, acudiendo al mismo cronista, que estos “son muy crudos e natura, e sin misericordia e de ninguna piedad usan… E son muy señores de sus mujeres (eran machistas) e las mandan e tienen subjetas”.

Lothrop documenta que los Chorotegas eran un pueblo monógamo, pero como nada es perfecto en este mundo, “los de clases elevadas tenían cuantas mujeres deseaban”.

Ayer… hoy

Pero no se trata de magnificar ciertos yerros y ocultar los aciertos de una sociedad para desacreditarla, como ha ocurrido en los anales de nuestra patria.

Desde los tiempos Chorotegas hasta ahora en Nicaragua es que hay una recuperación del estatus de la mujer, aunque debe admitirse: algunos no están contentos con este signo del progreso, el 50-50, o ver a una dama al frente de una institución, un ministerio, una alcaldía, un poder del Estado, la empresa privada, la política o pastoreando una Iglesia.

Hay en lo más profundo de ciertos hombres un espíritu Hispanáhuatl, fermento de un crudo machismo que contamina a no pocas dirigentes feministas que se oponen a las reivindicaciones alcanzadas por la mujer a través de Gobierno Sandinista.

De acuerdo a la visión hegemónica conservadora de los desplazados del poder por la vía del voto, todo gobierno en América Latina que no respire y transpire subordinación a los tableros de mando de las metrópolis es, de antemano, perjudicial a la “democracia”.

Ahora, según su falaz relato, la “sociedad civil”, sus oenegés y la derecha más radical son depositarias de la “democracia”. El turbio maniqueísmo intoxica muchos ámbitos. Uno de ellos, levantado como estandarte, es la cuestión de género.

De acuerdo a su narrativa, la lucha de la mujer es desde “la sociedad civil”. Es la encargada de “empoderarla” para que “sea visibilizada”. Hasta ahí “iba bien”…

Lo que no previeron es que una Administración Sandinista adelantara –aun antes de estos calculados planteamientos– nuevas y adecuadas respuestas de mujeres a antiguos problemas de mujeres: su exclusión es tan antigua como obsoletos los regímenes conservadores y/o Democracias Falsificadas.

El gobierno Cristiano, Socialista y Solidario, surgido de la misma sociedad, verazmente civil, se vuelve una laboriosa operación de inclusión social-política-económica de la mujer. Un ejemplo es el protagonismo que desempeñan jóvenes y señoras con el Bono Productivo Alimentario o Usura Cero o las oportunidades educativas.

Pero estos logros son denostados por banderas políticas o, paradójicamente, de género, porque la presencia de la mujer cunde en Nicaragua, tanto que los hechos disuelven el discurso opositor.

La democracia dejó de ser estrictamente masculina sin caer en las trampas del ultrafeminismo, ese mismo auspiciado por algunos oenegés que se creen dueños de la “sociedad civil” para imponer autoritariamente sus conductas. Sin embargo, a la hora de medir sus precarios resultados con los obtenidos por el Sandinismo, son irrelevantes.

La herencia patriarcal de dos vertientes, Hispanáhuatl, nutre con sus patrones culturales la narrativa elitaria que sucedió a la Colonia. Premia a los sumisos que huecos de identidad propia se reducen a ser meros ecos, y censura todo enfoque novedoso que desmonte las nocivas tradiciones que han atrasado al país.

Una evidencia es el silencio de los registros Chorotegas porque, pese a ciertos rituales, dan lecciones de civismo y de virtudes hogareñas superiores, incluso, al importado estilo peninsular.

No es extraño, pues, que haya quienes –cortísimos de nación y amplísimos de malinchismo– se hagan pasar por seres purificados con el objetivo de autoerigirse en jueces para fallar en contra de los nuevos escalones de nuestra República.

No soportan que la Historia Nacional sea construida con peldaños autóctonos.