El Capitolio y la importancia de escuchar a Nicaragua

Opinión: 17/10/2016

El Capitolio y la importancia de escuchar a Nicaragua

Autor: Nicaragua905

Edwin Sánchez

I

La embajadora de los Estados Unidos, Laura F. Dogu, en su primer aniversario en el cargo dijo, respecto a lo que sería el inhumano bloqueo de recursos en organismos internacionales o Nica Act, que “los miembros del Congreso no creen que estos fondos deberían de beneficiar a un gobierno que no escucha a sus ciudadanos”.

Partamos de tres verdades: no hay democracias perfectas; Nicaragua no odia a los Estados Unidos a pesar de tantas ocupaciones armadas e injerencismos. Y es un país con estabilidad social, política y económica en construcción.

Bien. Hay que ver qué entienden hoy día en el Capitolio por “democracia”, “ciudadanos” y “escuchar”. Si se refieren a los 6 millones y medio de nicaragüenses o solo al 3 o 2% de esa inmensidad.

La firma encuestadora en la que la derecha conservadora confía ciegamente, Borge & Asociados, en junio pasado comprobó que el presidente Daniel Ortega se consolidaba como la personalidad con el máximo repertorio de opiniones altamente positivas de la sociedad, con un 76.9%.

Tres meses después, la consultora M&R estableció que la intención de votos para el Comandante y la intelectual sandinista Rosario Murillo es de 65.7%. 
Si el gobierno no escuchara a sus ciudadanos, estos datos resultarían imposibles.

II

El Capitolio debe plantearse mejor otras preguntas: ¿por qué los ciudadanos no escuchan a la ínfima oposición radicalizada que en diferentes formatos operó en Washington? ¿En nombre de quiénes hablan estas coaliciones deshabitadas?

Si a ciertos políticos estadounidense les han vendido la alucinada idea de que las ultra divididas fracciones MRS / Eduardo Montealegre –atomizadas en “alianzas”, “unidades” y “frentes”– son “la verdadera oposición”, han sido tristemente engañados.

Los ciudadanos de Nicaragua que tanto preocupan a algunos congresistas nunca delegaron a estas soledades organizadas como sus representantes.
En mayo, una investigación de CID Gallup comprobó que Luis Callejas, postulado a la presidencia por el Partido Liberal Independiente (PLI), cuando era dirigido por Montealegre, obtenía el 2% de intención de votos.

¿Por qué esa profunda anemia electoral? Simple: el sentido común nacional no admite las distorsiones monocromáticas de la realidad nicaragüense. El extremismo, con su carga de confrontación, lejos de mejorar ha empeorado los problemas de Nicaragua.

III

En Estados Unidos hay varios partidos pero son excluidos por “falta de representatividad”, de tal forma que solo vemos al republicano Donald Trump y a la demócrata Hillary Clinton.

¿Por qué se descartan de los debates a las otras formaciones políticas? ¿Por qué no participa el candidato Libertario Gary Johnson y Jill Stein del Partido Verde? ¿Por qué ninguna “sociedad civil” hace alharaca por “la censura de prensa”?

Ah, porque no hay democracias inmaculadas: la Comisión de Debates Presidenciales de Estados Unidos ordena que los candidatos a la Presidencia deben promediar un 15% de respaldo en cinco encuestas nacionales. Johnson suma 8.4% y Stein 3.2%.

Ante la amenaza de acorralar con graves sanciones económicas a Nicaragua, la pregunta al Capitolio es ¿por qué las siglas despobladas son más importantes que la democracia en su conjunto, al punto de querer condenarla?

Encuestas tras encuestas en los últimos años han demostrado que la agrupación de Montealegre, con el enorme apoyo del 0.2% del MRS, queda a una larga distancia de los 8.4% de Gary Johnson.

En un país donde la cultura de la imagen y la narrativa de los poderosos medios de prensa son parte del pan nacional, negarles a los Libertarios y los Verdes ser ingredientes del alimento colectivo ¿acaso no equivale a excluirlos de las elecciones?

¿Por qué entonces tanta “sensibilidad” hacia partidos de miniatura en Nicaragua y ni una sola preocupación por los proscritos Johnson y Stein?
Puestos en la Unión Americana, el MRS y Montealegre estarían en la cola de ese ninguneado grupo de partidos sin reflectores, sin la OEA de Almagro, sin portadas, sin pantallas ni horarios estelares.

Sin embargo, y aquí viene la gran farsa, doña Ileana Ros-Lehtinen y compañía proyectan a la infra minoría radical como si fuera tan masiva y robusta como los Republicanos, cuando proporcionalmente ni siquiera se acerca al Partido de la Constitución. Por eso a don Fabio Gadea le “da ganas de llorar”.

El empresario radial calificó de “desastre” a la hiper derecha que trató de llevarlo de candidato presidencial. El exiguo sector opositor, por una litis interna, perdió los sellos del Partido Liberal Independiente.

La Prensa le preguntó: “¿Para usted quién es la figura más representativa de esta oposición? Ahorita no la veo”.

“¿Cómo ve la oposición? La veo dividida y me da ganas de llorar. Hay gente valiosa en la oposición, pero como que se repelen el uno al otro”.

IV

El 9 de abril el citado diario ejecutó su propia encuesta doméstica en las redes sociales sobre la ínfima coalición integrista con la pregunta “¿A quién considera usted como buen candidato presidencial por la oposición?”.

Los “potenciales candidatos opositores” no convencen ni a los que se identifican con el rotativo conservador:

“El 47.1 por ciento respondió que ninguno de las seis opciones les gustaba. Las opciones eran Luis Callejas, precandidato a la Presidencia del Partido Liberal Independiente (PLI); la precandidata a diputada del Movimiento Renovador Sandinista, Margarita Vijil; el precandidato a la Presidencia del Partido Nueva Alianza Cristiana, Saturnino Cerrato; el diputado del PLI, Eliseo Núñez…”.

A la convocatoria en línea apenas acudieron 652 lectores, a quienes la supuesta “verdadera oposición” –confesó el diario– les “genera poco entusiasmo”.
De nuevo, ¿a quiénes representan estas empequeñecidas estructuras antidemocráticas?

Ya en septiembre de 2015, Irving Dávila, enlace de oenegés súper críticos del sandinismo, señalaba que la oposición no estaba preparada para ir a una campaña electoral.

“Hay un enorme rechazo de gran parte de la población a la forma en que han venido participando en las elecciones y al comportamiento de los liderazgos políticos”.

No comprenden los partidos “la necesidad de transformarse a sí mismos, de democratizarse a sí mismos y de respetar las decisiones de sus propias bases (…) creo que las condiciones estarán empeoradas para participar en un proceso político electoral”.

Es muy cierto que a la principal proponente del Nica Act le apasiona la hiper derecha, pero a la sociedad le genera una decepción superior al 90%. 
Que EEUU castigue a Nicaragua por enésima vez solo sería escuchar a esta señora y no a la ciudadanía nicaragüense. Es hora de tener en cuenta los hechos y archivar para siempre el viejo discurso imperial que destruyó la República de Nicaragua desde el siglo XIX.

No se debe forzar a un pueblo, a punta de un nuevo Big Stick, a apasionarse como doña Ileana con “movimientos” que se quedaron tiesos de odio en la Historia.